Con un enfoque diferente, pero con el mismo espíritu que su predecesor, Miguel Abella prometió un gobierno de diálogo, mano extendida, vínculo con la gente, austeridad y mucho trabajo.
Nadie tiene que explicarle cómo conducir la intendencia porque la conoce de memoria. Miguel Abella gobernó al lado de Enrique Antía en sus tres períodos y lo acompañó cuando estuvo en UTE y el Senado. Si bien es consciente que en Maldonado se ha transitado el camino del cambio en los últimos años, su enfoque será distinto. Y ya lo está demostrando.
El flamante intendente ganó con mayor apoyo popular que el que había logrado su predecesor, Antía, en su reelección de 2020. Mantuvo los ocho Municipios en manos del Partido Nacional y arañó el edil 22 en la Junta Departamental, logrando la mayoría absoluta con su colectividad de 21 ediles. Lo que despeja su camino para gobernar sin sobresaltos.
Pero además de esta situación —tener una mayoría que respalde sus propuestas—, que resulta clave para cualquier gobernante, prometió poco porque quiso “ser corto en la promesa, pero largo en el cumplimiento”.
Si bien hay cosas que van a continuar, como los fideicomisos de obras por 45 millones de dólares o los 55 millones para obras de saneamiento y agua potable, su mirada seguirá enfocada en los barrios.
Siente que Maldonado ha dado un salto importante que lo ha posicionado en el contexto nacional. Hoy es el departamento con mayor tasa de actividad, empleo y menor desocupación de todo Uruguay.
La construcción supera los 6 millones de metros cuadrados y la inversión privada en el mismo rubro, los 12 mil millones de dólares. Esto representó, en Maldonado, un aumento del 50 % en lo que tiene que ver con el empleo en la construcción en los últimos 10 años. Por eso, el nuevo intendente piensa que ese crecimiento debe derramarse sobre los barrios.
En este contexto fue que habló de aumentar de 20 a 50 millones de dólares la inversión en las necesidades que los vecinos reclaman en cada cuadra: iluminación, calles y veredas, entre otras.
Pero no es una tarea que quiere llevar adelante solo, sino que reinstalará las comisiones vecinales para que sean ellos los que le digan al gobernante cuáles son sus prioridades.
Pondrá el acento en solucionar problemas que hacen el día a día de la gente, como la salud mental o las adicciones, apostará al deporte en los barrios, con la creación de más canchas de césped sintético para sacar a los jóvenes de las calles, y le dará otro enfoque a la gestión.
Abella promete ser más parecido a Domingo Burgueño Miguel, cuya frase de cabecera era “pocas palabras, muchas obras”.
Por eso, no se lo verá demasiado en entrevistas o codeándose con el jet set puntaesteño. Será un hombre de barrio, como él lo dijo en su campaña, nacido en Maldonado y conocedor de cada esquina de su tierra, esa que ahora deberá gobernar a partir del 10 de julio.
Ese día marcará dos cambios y romperá con dos tradiciones. Asumirá en un galpón, en la Dirección General de Obras y Talleres, la ex Cylsa, en una ceremonia austera y con la presencia del presidente Yamandú Orsi.
Lo segundo es que no nombrará a su gabinete ese día ni lo mostrará, para eso habrá que esperar algunos días. El único confirmado hasta el momento es el doctor Álvaro Villegas, que será el nuevo secretario general.
En esta transición, invitó al Frente Amplio, a los partidos Colorado, Independiente y Cabildo Abierto, a sentarse en una mesa a pensar el Maldonado de los próximos 30 años.
Quiere dedicarse a administrar y gobernar porque, como él mismo ha dicho, no es político y, por ende, no debería esperarse que trabaje por un objetivo personal para ser reelecto, sino que intentará imprimir austeridad, orden, administración y buscará la felicidad del pueblo de Maldonado con obras para la gente y así atender sus reclamos. Por esta razón, los vecinos le otorgaron su confianza para gobernar por cinco años.
Abella también marcará otro cambio. Ha dicho que la intendencia se deberá adaptar a su ritmo y no al revés.
La tarea de gobierno insume mucho tiempo, pero hay algo que no es negociable, el tiempo para la familia, y Abella es un hombre que atesora su privacidad y a sus seres queridos por encima de todo.
Casado con Marita Sánchez, padre de una hija y abuelo de un nieto, Abella buscará que todo funcione sin relegar un solo segundo de lo que considera que es todo en su vida y por lo que haría cualquier sacrificio: su familia.
Maldonado lo tendrá al frente del timón desde el 10 de julio, con ilusión y expectativa.


