Ícono del modelaje latinoamericano, Pancho Dotto recuerda su historia con Punta del Este, revive los veranos de Dotto Beach y revela su nueva etapa creativa en plena naturaleza.

Como figura clave de la moda en América Latina, Pancho Dotto supo construir un universo propio donde la estética se cruza con el carácter. Su icónica agencia y sus veranos inolvidables en Punta del Este dejaron una huella indeleble en la cultura fashion en la región, traspasando fronteras. Hoy, instalado en su estancia entrerriana, habla con SK sobre sus recuerdos, su vínculo con Uruguay y una vida que sigue reinventándose con arte, naturaleza y pasión.

Hace un tiempo contaste que considerás tu estancia de Entre Ríos como “mi lugar en el mundo”. ¿Cómo describís un día típico allí y qué te aporta esta vida en el campo?

Fue un verdadero refugio en época de pandemia, cuando se permitió viajar me fui de Buenos Aires a la chacra, necesité conectar con la naturaleza, algo que le pasó a muchas personas que decidieron cambiar de vida. Allí redescubrí El Refugio, ya que nunca me había instalado a vivir ahí.

Me entusiasmó realizar algunos cambios, aprovechando espacios y dándoles diferentes destinos. Creo que si volviera a nacer sería arquitecto o decorador; transformé un viejo gallinero en biblioteca, que es un lugar tranquilo que me inspira mucho.

Aprovechando la estructura de galpones y garaje, hice un tipo de museo de autos clásicos que es otra de mis pasiones. Me encanta decorar y también ocuparme de los autos de época, me gusta la mecánica.

Para mí El Refugio es también un espacio de arte, allí dejaron sus murales artistas como Alfredo Segatori, Noelia Fernández, Florencia Aise y la entrerriana Yaqui Melhem, que hizo el mural durante la celebración de una vendimia de nuestro malbec entrerriano. Esta estancia me aporta paz y me motiva a crear y hacer cosas, es un lugar de inspiración.

La naturaleza me inspira mucho. No me pierdo un atardecer: preparo el mate y me siento a contemplar la caída del sol todos los días. Recibo amigos de la zona. Los fines de semana suelen venir amigos de otros lugares y disfrutan de bicicleteadas, cabalgatas, truco, jacuzzis en el parque y largas charlas frente a la chimenea, y de vez en cuando una guitarreada. Cuando vienen familias, a los chicos les encanta alojarse en las tiny houses, ellos la pasan bomba y yo disfruto mucho las visitas.

El año pasado también contaste que estás planeando una serie sobre tu vida y un “viaje alrededor del mundo” con un contingente de modelos. ¿Cómo surgieron esas ideas y qué esperás transmitir con cada uno de esos proyectos?

Surgieron proyectos de plataformas de distintas naturalezas para miniseries o documentales, entre ellos Disney. Se plantearon diferentes alternativas que están en proceso y saldrán cuando las circunstancias sean oportunas. Tengo maravillosas historias de descubrimientos y de vida para contar, un archivo de fotos y de video importante. Es bueno mirar hacia atrás y ver la evolución de la vida y de las personas. Cada persona es un universo interesante y rico.

Comentaste que tu objetivo es que la “belleza incluya un valor agregado”. ¿Qué significa para vos ese concepto y de qué manera lo aplicás en tus proyectos actuales en la moda?

El valor agregado tiene que ver con el don natural de cada persona y el trabajo sobre él, tiene que ver con la personalidad y el carácter. Algunos tienen personalidad avasallante y tienen que aprender a manejarla y explotarla. Es prepararse con disciplina, cultivar el carisma, estar preparados y cumplir con los compromisos. Es importante que los modelos se preparen y trabajen su propio talento o carisma, aprender teatro, baile, canto, disciplinas de expresión y comunicación.

En el staff de Dotto Models, Luz Cipriota practicaba desde muy chica gimnasia artística y baile; esas habilidades fueron un gran valor agregado en su profesión de modelo, que se sumaron a su carisma y disciplina.

Tuve el honor de representar a Luciana Aymar, una de las mejores jugadoras de hockey de todos los tiempos, un modelo de mujer y atleta. Además, representé al nadador argentino José Meolans, también con impecable carrera deportiva. La personalidad de ambos atletas es el valor agregado al look personal.

Muchos afirman que tu chacra La Fontana, en José Ignacio, fue testigo de “uno de tus mejores momentos”. ¿Qué recuerdos atesorás de esos años dorados de verano en Punta del Este, cuando organizabas eventos y producciones con tus modelos?

Mirando hacia atrás, me parece que la elección de los diferentes lugares en que instalé Dotto Models fue brillante. Claro que los años en la chacra La Fontana fueron memorables. También lo fue 1992, cuando La Barra parecía un lugar lejano y al bajar del puente, a la izquierda, se veía la agencia como dando la bienvenida. Ese lugar también fue icónico. Allí hicimos desfiles, organizamos encuentros de té al atardecer con visitas de celebrities. En esa época era habitual la visita de Guillermo Vilas, entre otros.

En La Fontana hicimos muchos eventos —se trabajaba desde Buenos Aires y desde Punta del Este—, allí instalamos una oficina de agencia, producciones de moda, editoriales, hacíamos castings para marcas de Perú, Chile y México, castings de agencias de modelos de Europa, Estados Unidos y Japón. John Casablancas, una leyenda en el mundo de la moda y el modelaje, fue a Punta invitado por mí y quedó fascinado por el lugar. Ese verano vinieron dos modelos de Estados Unidos —de la agencia de modelos de Casablancas— a vivir la experiencia de Dotto Models en La Fontana, que se sumaron a nuestro staff de modelos.

Como en todas las temporadas, el staff de modelos tenía una rutina saludable con actividad física coordinada por Daniel Tangona como entrenador personal, también había reglas de convivencia: no estaban permitidos ni alcohol ni cigarrillo y se fomentaba el intercambio y la colaboración. Estas reglas se repitieron en todas las temporadas.  En uno de los veranos, organizamos un desfile en La Fontana frente al mar que se abrió con las modelos ingresando al predio a caballo y con banderas. Pampita Ardohain encabezaba el desfile, con trajes típicos. La entrada —como siempre— fue gratuita, solo se requería del público, como requisito para ingresar, que llevaran juguetes para los chicos de Maldonado. Al ingresar, el público recibía de regalo mate, bombilla y pastelitos. Fue un evento que celebró tradiciones de Uruguay. Con músicos que interpretaron música folclórica. Iván de Pineda condujo parte del evento, que fue original y único, una celebración de las raíces con moda.

En otra oportunidad el lugar elegido fue Montoya en donde instalé una agencia y el Dotto Café. Tiempo después, y por varios veranos, el cruce de José Ignacio fue el lugar elegido para la agencia, lugar que en la comunicación de la empresa llamábamos “las puertas de José Ignacio”; allí también hicimos desfiles.

En el verano 2004, fue la primera temporada en el hotel Cipriani, la agencia hizo base en el hotel y tuvimos Dotto Beach en Cipriani Lido, sobre el mar; nuestro desfile fue transmitido por la cadena E! Entertainment.

En 1995 fundaste el parador Dotto Beach en Uruguay, un emprendimiento que fue considerado como “un éxito arrollador”. ¿Cómo viviste aquella experiencia pionera en la costa uruguaya y qué enseñanzas te dejó para tu carrera?

Fue la concreción de un sueño, yo me imaginaba el lugar con construcciones en tonos pasteles y de madera, casillas para bañeros —como en la costa de California— y carpas con zonas delimitadas para los diferentes sponsors. En el lugar se honraba la naturaleza, la fauna del lugar, con carteles con descripciones de las aves de la zona. También carteles promoviendo la vida saludable, sin drogas, etcétera.

Miro hacia atrás y veo el emprendimiento como una avanzada pionera. Obviamente en 1995 no existía el puente de la laguna Garzón, tampoco el asfalto, para ir había que hacer 8 kilómetros de camino de ripio. Era una aventura maravillosa llegar a Dotto Beach. En aquel momento mi emprendimiento requirió mucha energía para concretar las ideas por lo que tuve que sortear obstáculos y desafíos. Me quedo con el agradecimiento a la vida que me dio la garra y el entusiasmo para emprender.

Después de tantos veranos vividos entre José Ignacio y Punta del Este. ¿Qué es lo que más disfrutás hoy cuando volvés?, ¿tenés algún rincón o ritual que te conecte con aquellos años dorados?

Me encanta y amo Uruguay y Punta del Este. Saboreo y redescubro lugares, los miro con otros ojos, no tengo la presión del hacer y correr como hice durante 25 temporadas intensas. Tengo la posibilidad de encontrarme con amigos y compartir charla sin tiempo; celebrar la amistad. Siento que tengo raíz en Uruguay y en especial en Punta del Este, me siento feliz y agradecido de poder disfrutar del lugar y su gente.