La empresaria y conductora, creadora de una línea de anteojos premium, repasa sus inicios en la TV, sus hábitos, el vínculo familiar con Uruguay y la filosofía que sostiene su pasión por la moda y la vida activa.
A lo largo de su trayectoria, Teresa Calandra construyó su carrera sobre la convicción de que la verdadera moda nace de la autenticidad. En esta conversación íntima, la empresaria y conductora nos muestra su mundo: revela los orígenes de su icónica línea de anteojos, el valor de la rutina saludable, la fuerza de su conexión familiar con Uruguay y el secreto que la impulsa a reinventarse. Una charla cálida y reflexiva en donde revela cómo es capaz de fusionar espontaneidad y sofisticación en cada capítulo de su vida.
Hoy en el mundo de la moda has logrado destacarte como empresaria, creaste una línea de anteojos que hoy es un ícono. ¿Qué te inspiró a lanzarte en este mundo y qué distingue a tus diseños en el mercado?
Los anteojos llegaron a mi vida un poco por casualidad. Estaba en el aeropuerto JFK junto con mi hijo mayor, Hassen, haciendo notas para mi programa de cable, en New York, y se me acercaron Eduardo y Gustavo Schargorodsky, que tienen varias marcas en el mercado, en todo Argentina y Uruguay, y me ofrecieron hacer una campaña de anteojos para una línea italiana.
Hice las fotos, el comercial, y a los 6 meses me dijeron: “las mujeres se acercan a las ópticas y piden el anteojo que tiene Teresa Calandra puesto. Nos gustaría hacer una línea de anteojos con tu nombre y apellido”. El comentario me sorprendió muchísimo, no podía creer que hubiese mujeres que quisieran llevar un anteojo con mi nombre, era un desafío muy grande.
La marca acaba de cumplir 25 años, los anteojos se fabrican en el norte de Italia, donde las grandes marcas hacen sus anteojos. Gustavo Schargorodsky, que es un experto, participó muchísimo en el diseño y la elección de los modelos. Hizo hincapié no solamente en elegir materiales nobles, sino también en el diseño de la patilla, algo que por ahí sorprende, pero es muy importante. Nosotros hacemos una colección muy amplia de anteojos de sol y de receta, donde ponemos mucho énfasis.
El anteojo, como la cartera y el zapato, desde hace muchos años se convirtió en un objeto de lujo, y lo que a mí me importa además de buscar la excelencia en los materiales, es que se distinga del resto de los que están en el mercado, porque me gusta que tenga identidad, que hable de moda y que me represente a mí, que refleje mi visión sobre la moda en cada anteojo, y eso creo que es lo que lo distingue de otras marcas en el mercado.
Yo estoy en cada modelo, me gusta la elección de cada modelo, no soy experta en materiales; el experto, por supuesto, es mi socio. Tenemos muchos formatos diferentes, porque todas las mujeres tienen caras distintas, más chicas, más grandes, más alargadas, etcétera. La idea es que todas las mujeres encuentren un diseño que les siente bien.
Lideraste durante 27 años Con Teresa, un exitoso programa de cable que, incluso, ganó un Martín Fierro, ¿cómo recordás esa etapa y qué aprendiste de llevar al aire un show por tanto tiempo?
Es cierto que en los años 90 era la época de los famosos magazines. Hice programas en el Canal 13, en la televisión pública y en América y, al mismo tiempo, armé mi propio programa de cable, que nació en el año 1991. Era uno de los pioneros: el primero fue el de Cecilia Zuberbühler (Cecilia Z) y más o menos al mismo tiempo comencé también con el programa Con Teresa, que me dio muchas satisfacciones, entre las que está el premio Martín Fierro que ganamos en 2002.
Yo prefiero trabajar en programas en vivo, creo que son más espontáneos y naturales que los programas grabados. Obviamente que como mi programa era de interés general, viajaba mucho y cubría la moda. Recuerdo que la Fashion Week de Milán era grabado, pero la disfruté mucho y me dio mucha satisfacción hacerlo.
¿Cómo equilibrás tus intereses personales con tu trabajo cotidiano y qué rol juegan el ejercicio y el bienestar en tu rutina actual?
Trato de cuidarme, por suerte nunca necesité hacer dietas; la realidad es que no como demasiado, aunque soy muy dulcera, siempre tengo la necesidad de comer algo dulce antes de irme a dormir.
En una época entrené mucho, no solamente hacía aparatos, sino que también hacía spinning, y lo que hago actualmente es caminar. Creo que el ejercicio es muy importante, sobre todo a medida que van pasando los años. Es vital el ejercicio físico, aunque sea caminar; armarse de una rutina ayuda mucho más a ser constante; cuesta, es cierto, hay días que me resulta pesado, pero hago el esfuerzo y lo incorporo como algo cotidiano.
A veces es complicado cuando tenés que trabajar, ir a una grabación de televisión o te contratan para presentar algún evento empresarial que es por la mañana o al mediodía. Cuando hay trabajo, el ejercicio queda para más tarde (risas). En definitiva, es lo que me hace sentir bien, cuando vuelvo digo: “un día ganado”. Esa frase que escuchamos tan seguido es cierta, la verdad que sí.
Tu familia vive en Uruguay: tus hijos Hassen y Diego formaron sus familias del otro lado del Río de la Plata, ¿cómo influye esa conexión familiar en tu vínculo con la costa uruguaya y qué te gusta de pasar tiempo allí con ellos?
Las esposas de mis dos hijos son uruguayas, mis nietos son uruguayos; Hassen vive en Carrasco desde hace 22 años, tiene un estudio de arquitectura, diseño y decoración. Ahora está con un desafío muy grande que es el icónico hotel San Rafael Cipriani and Resort, que está quedando divino. Él hace casas y hoteles, y le gusta mucho su trabajo.
Mi otro hijo, Diego, también se instaló en el Uruguay hace 9 años, y también armó una empresa constructora y hace casas en Punta del Este. Hace poco fui a ver a mis nietos, así que me reparto entre Carrasco y Punta del Este. Uruguay es un país que siento como mi segunda casa, un país con calidad de vida; los uruguayos me parecen gente educada, noble; allí me siento muy contenida y mis hijos son muy felices, eso es lo más importante.
Tu carrera fue muy extensa en el mundo de la moda. Empezaste como modelo, conductora, empresaria, panelista y vemos que seguís reinventándote, ¿qué es lo que hoy te motiva y qué consejos darías a quien quiera buscar nuevos horizontes?
A mí lo que más me motiva es tener un proyecto y cuando tengo uno, me enfoco, me centro en él totalmente y trato de dar lo mejor; no me gusta quedarme en una zona de confort. Una vez que cumplí mi sueño, un proyecto, o logré una meta que yo me puse, no me quedo ahí, voy por otro. Eso es lo que me mantiene activa, lo que me hace sentir joven, sentir que estoy viva. Me gusta mucho sentir adrenalina.
No sé si soy la persona ideal para dar un consejo, pero sí puedo decir que no hay que quedarse en la zona de confort y tampoco hay que quedarse en un lugar donde no te sentís cómoda, donde no sentís que estás dando el ciento por ciento de lo que sos, lo que valés, porque cada persona vale muchísimo. A veces las personas no se conocen o no saben la cantidad de cosas de lo que son capaces de hacer, por eso siempre digo que nunca es tarde, que no hay edad, que eso está en la cabeza, y que no hay edad para empezar una carrera, un oficio. Uno vive aprendiendo cosas permanentemente y tener un proyecto es lo que te mantiene vivo. Nunca hay que bajar los brazos y nunca deben quedar cosas pendientes por hacer. Siempre hay cosas por hacer.
La vida es muy corta, el reloj del tiempo no se detiene. Hay que vivir, la vida merece ser vivida realmente y hay que vivir a full. En mi carrera, y en todos estos años que agradezco muchísimo, trabajé como maniquí, después en la TV, más tarde como empresaria, tuve una línea de ropa por 12 años, pasaron muchas cosas y muchas veces m
e dijeron que no (fueron más no que sí): “usted para esto no”, “no quedó seleccionada”, “no quedó elegida”. Hay personas que se frustran, sin embrago yo siempre redoblé la apuesta. En la vida hay muchos tropiezos y uno aprende de todos; esos tropiezos, por lo menos a mí, me sirvieron muchísimo.
En casa, de jeans y zapatillas; afuera, siempre elegante y a la moda. Esa dualidad, ¿también la aplicás en tus proyectos actuales?, es decir: ¿es posible converger tu espontaneidad con la sofisticación?
Yo amo lo básico, siempre me gustó, pero no porque me resulte cómodo. Vos sabés que hay una frase que es: “la moda duele”, duele y es cierto, la moda duele, y hay otra que dice: “lo que es moda no incomoda”. Si a mí un zapato me gusta me lo pongo porque me siento linda, aunque sé que no voy a poder bailar en toda la noche.
En mi vida cotidiana siempre estoy vestida con básicos, lo que más me gusta es tener una camiseta negra, un jean y un blazer. Con eso estoy feliz porque puedo ponerme botas y puedo ponerme zapatillas o sandalias y salir a la noche. Así soy feliz.
Por supuesto que, por mi trabajo, muchas veces tengo que pasar de la ropa sport a la sofisticación, y no me cuesta nada porque amo la moda y he vivido para la moda —con la moda toda mi vida—. Aprendí muchísimo gracias a este trabajo que tuve como maniquí, como conductora de TV cubriendo los Fashion week en Milán, haciendo entrevistas a los diseñadores más importantes, o sea, aprendí y conocí gente increíble. Me gusta la moda y sí me gusta también verme arreglada y con algo que me encante, pero yo siempre digo a las mujeres que el brillo de un vestido se lo da una persona, no el vestido que te pongas. Es muy importante la actitud, el cómo lleves algo. Te tenés que sentir muy cómoda con lo que tenés puesto, porque el vestido puede ser muy lindo y por ahí es más para un estilo de mujer que para otro. Yo soy muy clásica, por eso creo que la persona es la que hace que el vestido brille.
A lo largo de su trayectoria, Teresa Calandra construyó su carrera sobre la convicción de que la verdadera moda nace de la autenticidad. En esta conversación íntima, la empresaria y conductora nos muestra su mundo: revela los orígenes de su icónica línea de anteojos, el valor de la rutina saludable, la fuerza de su conexión familiar con Uruguay y el secreto que la impulsa a reinventarse. Una charla cálida y reflexiva en donde revela cómo es capaz de fusionar espontaneidad y sofisticación en cada capítulo de su vida.

Hoy en el mundo de la moda has logrado destacarte como empresaria, creaste una línea de anteojos que hoy es un ícono. ¿Qué te inspiró a lanzarte en este mundo y qué distingue a tus diseños en el mercado?
Los anteojos llegaron a mi vida un poco por casualidad. Estaba en el aeropuerto JFK junto con mi hijo mayor, Hassen, haciendo notas para mi programa de cable, en New York, y se me acercaron Eduardo y Gustavo Schargorodsky, que tienen varias marcas en el mercado, en todo Argentina y Uruguay, y me ofrecieron hacer una campaña de anteojos para una línea italiana.
Hice las fotos, el comercial, y a los 6 meses me dijeron: “las mujeres se acercan a las ópticas y piden el anteojo que tiene Teresa Calandra puesto. Nos gustaría hacer una línea de anteojos con tu nombre y apellido”. El comentario me sorprendió muchísimo, no podía creer que hubiese mujeres que quisieran llevar un anteojo con mi nombre, era un desafío muy grande.
La marca acaba de cumplir 25 años, los anteojos se fabrican en el norte de Italia, donde las grandes marcas hacen sus anteojos. Gustavo Schargorodsky, que es un experto, participó muchísimo en el diseño y la elección de los modelos. Hizo hincapié no solamente en elegir materiales nobles, sino también en el diseño de la patilla, algo que por ahí sorprende, pero es muy importante. Nosotros hacemos una colección muy amplia de anteojos de sol y de receta, donde ponemos mucho énfasis.
El anteojo, como la cartera y el zapato, desde hace muchos años se convirtió en un objeto de lujo, y lo que a mí me importa además de buscar la excelencia en los materiales, es que se distinga del resto de los que están en el mercado, porque me gusta que tenga identidad, que hable de moda y que me represente a mí, que refleje mi visión sobre la moda en cada anteojo, y eso creo que es lo que lo distingue de otras marcas en el mercado.
Yo estoy en cada modelo, me gusta la elección de cada modelo, no soy experta en materiales; el experto, por supuesto, es mi socio. Tenemos muchos formatos diferentes, porque todas las mujeres tienen caras distintas, más chicas, más grandes, más alargadas, etcétera. La idea es que todas las mujeres encuentren un diseño que les siente bien.
Lideraste durante 27 años Con Teresa, un exitoso programa de cable que, incluso, ganó un Martín Fierro, ¿cómo recordás esa etapa y qué aprendiste de llevar al aire un show por tanto tiempo?
Es cierto que en los años 90 era la época de los famosos magazines. Hice programas en el Canal 13, en la televisión pública y en América y, al mismo tiempo, armé mi propio programa de cable, que nació en el año 1991. Era uno de los pioneros: el primero fue el de Cecilia Zuberbühler (Cecilia Z) y más o menos al mismo tiempo comencé también con el programa Con Teresa, que me dio muchas satisfacciones, entre las que está el premio Martín Fierro que ganamos en 2002.
Yo prefiero trabajar en programas en vivo, creo que son más espontáneos y naturales que los programas grabados. Obviamente que como mi programa era de interés general, viajaba mucho y cubría la moda. Recuerdo que la Fashion Week de Milán era grabado, pero la disfruté mucho y me dio mucha satisfacción hacerlo.
¿Cómo equilibrás tus intereses personales con tu trabajo cotidiano y qué rol juegan el ejercicio y el bienestar en tu rutina actual?
Trato de cuidarme, por suerte nunca necesité hacer dietas; la realidad es que no como demasiado, aunque soy muy dulcera, siempre tengo la necesidad de comer algo dulce antes de irme a dormir.
En una época entrené mucho, no solamente hacía aparatos, sino que también hacía spinning, y lo que hago actualmente es caminar. Creo que el ejercicio es muy importante, sobre todo a medida que van pasando los años. Es vital el ejercicio físico, aunque sea caminar; armarse de una rutina ayuda mucho más a ser constante; cuesta, es cierto, hay días que me resulta pesado, pero hago el esfuerzo y lo incorporo como algo cotidiano.
A veces es complicado cuando tenés que trabajar, ir a una grabación de televisión o te contratan para presentar algún evento empresarial que es por la mañana o al mediodía. Cuando hay trabajo, el ejercicio queda para más tarde (risas). En definitiva, es lo que me hace sentir bien, cuando vuelvo digo: “un día ganado”. Esa frase que escuchamos tan seguido es cierta, la verdad que sí.
Tu familia vive en Uruguay: tus hijos Hassen y Diego formaron sus familias del otro lado del Río de la Plata, ¿cómo influye esa conexión familiar en tu vínculo con la costa uruguaya y qué te gusta de pasar tiempo allí con ellos?
Las esposas de mis dos hijos son uruguayas, mis nietos son uruguayos; Hassen vive en Carrasco desde hace 22 años, tiene un estudio de arquitectura, diseño y decoración. Ahora está con un desafío muy grande que es el icónico hotel San Rafael Cipriani and Resort, que está quedando divino. Él hace casas y hoteles, y le gusta mucho su trabajo.
Mi otro hijo, Diego, también se instaló en el Uruguay hace 9 años, y también armó una empresa constructora y hace casas en Punta del Este. Hace poco fui a ver a mis nietos, así que me reparto entre Carrasco y Punta del Este. Uruguay es un país que siento como mi segunda casa, un país con calidad de vida; los uruguayos me parecen gente educada, noble; allí me siento muy contenida y mis hijos son muy felices, eso es lo más importante.
Tu carrera fue muy extensa en el mundo de la moda. Empezaste como modelo, conductora, empresaria, panelista y vemos que seguís reinventándote, ¿qué es lo que hoy te motiva y qué consejos darías a quien quiera buscar nuevos horizontes?
A mí lo que más me motiva es tener un proyecto y cuando tengo uno, me enfoco, me centro en él totalmente y trato de dar lo mejor; no me gusta quedarme en una zona de confort. Una vez que cumplí mi sueño, un proyecto, o logré una meta que yo me puse, no me quedo ahí, voy por otro. Eso es lo que me mantiene activa, lo que me hace sentir joven, sentir que estoy viva. Me gusta mucho sentir adrenalina.
No sé si soy la persona ideal para dar un consejo, pero sí puedo decir que no hay que quedarse en la zona de confort y tampoco hay que quedarse en un lugar donde no te sentís cómoda, donde no sentís que estás dando el ciento por ciento de lo que sos, lo que valés, porque cada persona vale muchísimo. A veces las personas no se conocen o no saben la cantidad de cosas de lo que son capaces de hacer, por eso siempre digo que nunca es tarde, que no hay edad, que eso está en la cabeza, y que no hay edad para empezar una carrera, un oficio. Uno vive aprendiendo cosas permanentemente y tener un proyecto es lo que te mantiene vivo. Nunca hay que bajar los brazos y nunca deben quedar cosas pendientes por hacer. Siempre hay cosas por hacer.
La vida es muy corta, el reloj del tiempo no se detiene. Hay que vivir, la vida merece ser vivida realmente y hay que vivir a full. En mi carrera, y en todos estos años que agradezco muchísimo, trabajé como maniquí, después en la TV, más tarde como empresaria, tuve una línea de ropa por 12 años, pasaron muchas cosas y muchas veces me dijeron que no (fueron más no que sí): “usted para esto no”, “no quedó seleccionada”, “no quedó elegida”. Hay personas que se frustran, sin embrago yo siempre redoblé la apuesta. En la vida hay muchos tropiezos y uno aprende de todos; esos tropiezos, por lo menos a mí, me sirvieron muchísimo.
En casa, de jeans y zapatillas; afuera, siempre elegante y a la moda. Esa dualidad, ¿también la aplicás en tus proyectos actuales?, es decir: ¿es posible converger tu espontaneidad con la sofisticación?
Yo amo lo básico, siempre me gustó, pero no porque me resulte cómodo. Vos sabés que hay una frase que es: “la moda duele”, duele y es cierto, la moda duele, y hay otra que dice: “lo que es moda no incomoda”. Si a mí un zapato me gusta me lo pongo porque me siento linda, aunque sé que no voy a poder bailar en toda la noche.
En mi vida cotidiana siempre estoy vestida con básicos, lo que más me gusta es tener una camiseta negra, un jean y un blazer. Con eso estoy feliz porque puedo ponerme botas y puedo ponerme zapatillas o sandalias y salir a la noche. Así soy feliz.
Por supuesto que, por mi trabajo, muchas veces tengo que pasar de la ropa sport a la sofisticación, y no me cuesta nada porque amo la moda y he vivido para la moda —con la moda toda mi vida—. Aprendí muchísimo gracias a este trabajo que tuve como maniquí, como conductora de TV cubriendo los Fashion week en Milán, haciendo entrevistas a los diseñadores más importantes, o sea, aprendí y conocí gente increíble. Me gusta la moda y sí me gusta también verme arreglada y con algo que me encante, pero yo siempre digo a las mujeres que el brillo de un vestido se lo da una persona, no el vestido que te pongas. Es muy importante la actitud, el cómo lleves algo. Te tenés que sentir muy cómoda con lo que tenés puesto, porque el vestido puede ser muy lindo y por ahí es más para un estilo de mujer que para otro. Yo soy muy clásica, por eso creo que la persona es la que hace que el vestido brille.


